Andrea, 32, fotógrafa

Madrid foto a foto

Andrea Santolaya es fotógrafa, viajera incansable y muy risueña, todo hay que decirlo. Le gusta captar el lado más humano de los lugares que visita y plasmarlos en imágenes que expone por todo el mundo. Hoy toca que nos cuente el lado más personal de su Madrid.

-Aunque hayas vivido en 5 países en realidad eres madrileña…
-Soy madrileña y soy gata, pero no soy de un barrio en concreto. He sido muy nómada, tanto a nivel nacional como internacional. Cuando he vivido en Madrid he vivido cada 3 años en una casa. Mi familia es numerosa y si no cerraba el colegio, la casa se nos quedaba pequeña o nos mudábamos de país y cuando volvíamos regresábamos a una casa nueva, entonces no te puedo decir un barrio concreto sino muchos. Desde Hermosilla hasta Martínez Izquierdo y los últimos 12 años entre Chueca y Alonso Martínez. Este barrio me gusta mucho y ya me considero más de él.

-¿Qué te gusta de esta zona?
-Me gusta porque está cerca de Tribunal pero es una zona más agradable, más tranquila. Una zona más chic por así decirlo, pero sigue teniendo su toque rebelde.

-Parece que hubiera más oferta cultural por esta área.
-Todo se gesta por aquí. La galería con la que trabajo está al lado, mi abuela que ha sido galerista durante 40 años tenía la Galería Sen en la Calle Barquillo y ahora con mi madre editan libros de artista en Vuela Pluma Ediciones en la calle San Lucas, tengo amigos por aquí, voy al mercado y me conocen en la frutería. Es como vivir en un mini Brooklyn como quien dice.

-En la conversación con David precisamente hablamos acerca de que la vida de barrio se estaba perdiendo…
-También es verdad, pero debido al problema de la crisis se están creando nuevos proyectos como este del Huerto de Lucas donde estamos o de repente se juntan un grupo de autores se mudan a una pequeña nave, alquilan mesas y forman un espacio de coworking. Al final todo se gesta por aquí. Una zona llena de artistas y creadores. Me gusta porque estás en continúa interacción con ellos. Yo ayer estaba sacando al perro y me encontré a Pierre Gonnord, entonces le saludas “¿dónde estás?, ¿dónde vas?”. Es una vida muy de barrio pero con gente creativa.

-Se podría decir que en según que zonas se está modernizando la ciudad…
-Más bien reactivando porque todos los negocios nuevos que salen tienen un aire muy vintage como de 1920, contemporáneo pero en general mirando hacia atrás.

-¿Esa reactivación también se aprecia en el arte?
-En el caso de la fotografía se ha creado una homogeneización. Hoy en día lo difícil es crear una idea rompedora, fuerte, que se sostenga. Sigue habiendo las grandes bases con artistas españoles que desde los 80 nos han influenciado a todos pero también es necesaria la convivencia con una nueva generación con nuevas plataformas. Va todo muy deprisa.

-¿Cómo ves el panorama en Madrid?
-Pasan dos cosas: una es que mucha gente ha huido a ciudades muy cosmopolitas como Nueva York, Londres o Berlín o bien mucha gente se ha quedado en Madrid como base. En Madrid te mueves, te reúnes con tu gente, planificas todo tu proyecto, tu producción, postproducción y luego expones internacionalmente.

-Pero si lo utilizas como base y luego no explotas tu producción en el lugar…
-Claro que también se explota. En mí caso expongo en Mondo Galería aquí en Madrid. Aquí tengo una serie de amigos y coleccionistas, un circuito que he ido haciendo a lo largo de los años y la idea es continuarlo.

-Hay gente que todavía no conoce lo que es PhotoEspaña. En ese aspecto todavía hay mucho trabajo que hacer…
-Es necesario estar actualizado de manera constante. Hay grandes artistas españoles y fotógrafos españoles muy reconocidos pero hay que estar atento a nuevas posibilidades. No solamente en el espacio de la galería sino en festivales, a través de webs con concursos e intervenciones en espacios públicos. Ahora por ejemplo voy a ser jurado de Luminaria01 donde un grupo de artistas van a acercarse al Mercado de Usera y lo van irrumpir como espacio creativo. Es una forma de mediatizar el mercado y de sacarlo en otro tipo de trasfondo, más social.

-Para romper esas barreras que hay con el público como comentaba Diego ya que a veces el arte se ve como algo sagrado difícil de entender.
-Sí, como una catedral y no tiene por qué. Yo crecí en una galería y siempre había gente que entraba y salía: artistas, escritores, pintores, dibujantes… eso era lo normal, por eso mismo nunca elegí hacer fotografía sino que continué.

-Has vivido en Bélgica, Francia, Inglaterra, Portugal… ¿Crees que se podrían introducir algunas mejoras de esos países?
-Todas. Madrid me encanta pero creo que hay que darle más voz a la gente joven, poder sacar adelante proyectos sin presupuestos tan sumamente grandes y más acceso a becas y ayudas estatales. Yo me fui a Nueva York por una beca de la Caixa sino hubiera sido imposible. Hay gente muy creativa que necesita un pequeño impulso para saber lo que es capaz de generar. Se pueden hacer más organizaciones, ayudas para tener un fin más social y abrir la fotografía.

-¿Se aprecia un aumento del interés de la fotografía en Madrid?
-En los últimos 6 años en Madrid se ha notado un impulso de la fotografía enorme, de hecho no han dejado de crecer las escuelas de fotografía, es impresionante. Además se están haciendo muchas cosas como fotolibros o autoediciones y pequeños festivales aparte de PhotoEspaña. El año pasado estuve en un festival que se llama Cortona on the Move en Italia, en un pueblo muy chiquitito entre Roma y Florencia que durante un mes al año se dedica a hacer un festival utilizando espacios inusuales. Los lugares elegidos son: una antigua carnicería, un hospital, un antiguo colegio y una Iglesia non sacra. De esa manera los espacios se llenan de energía y cambian. Sería muy interesante poder hacerlo aquí por ejemplo. El Matadero está muy bien pero se ha convertido en una institución. Quizás espacios más pequeñitos que se pudieran reutilizar para convocar.

-Hay muchos solares abandonados que se podrían utilizar para ese fin también…
-Sí, eso es algo que están haciendo mucho en calles como la de Doctor Fourquet a la que se han movido muchas galerías. Entre los vecinos están ayudando a reconvertir el espacio y eso es algo que he visto mucho en Brooklyn.

-¿Crees que Madrid se está redirigiendo a ese tipo de ciudad cosmopolita más frenética como puede ser Nueva York?
-Cuando decimos Nueva York, por un lado está Manhattan que es un ente en sí y luego está Brooklyn o Queens que son mucho más relajados. Madrid está más hacia ese lado, pero eso es bueno porque Manhattan y la zona de Wall Street serían la parte más aséptica en la que nadie te saluda, la gente va corriendo… más intransigente. Mientras que en los barrios o Madrid se cuece un ambiente más familiar y se desarrollan proyectos intercalando muchos medios como periodismo, diseño, fotografía.

-Tu trabajo en muchas ocasiones gira en torno a figuras femeninas, ya pueden ser boxeadoras, bailarinas o mujeres que viven el Delta del Orinoco en Venezuela… Por ejemplo, en Madrid podrías coger a una alcaldesa como protagonista de una de tus trabajos.
-(Muchas risas) Ahí hay una cosa muy importante con la fotografía, y es el acceso, tener la llave para poder interrumpir la vida de una persona, meterte en ella y poder hacer un trabajo serio y transparente. Esa es mi respuesta.

-Ahora un poco más en serio… ¿tienes pensado hacer algún proyecto en la capital?
-Lo he pensado durante mucho tiempo, pero es complicado. Madrid es mi ciudad, mi lugar y me cuesta mucho encontrar el exotismo dentro mi ciudad. Quitando el making of del largometraje documental “El honor de las injurias” que hice con Carlos García-Alix, tiene que ser un proyecto complejo y completo. El tipo de foto que yo hago no es street photography sino que intento buscar personas y lugares acotados, ya puede ser un teatro, un ring de boxeo y desde lo concreto hacerlo más universal.

-¿Y algún trabajo en el que hayas hecho por aquí recientemente?
-Un libro doble titulado “Manolo Valdés. El jardín botánico de Nueva York” editado por La Fábrica, por un lado las esculturas monumentales en el Jardín Botánico de NY, el Paraíso, y por el otro lado está el “Infierno”, la fundición donde nacen estas obras. Capa es una de las fundiciones más antiguas de España. Durante tres años he estado yendo para fotografiarla y documentar el proceso de elaboración de esas grandes meninas de Valdés. Quizás no son proyectos dirigidos directamente a la ciudad de Madrid, pero se gestan aquí – la fundición es un lugar maravilloso, clásico, es un sueño. El libro obtuvo el premio a la mejor edición de 2014 por el Ministerio de Cultura y Deportes.

-¿Qué imagen viene a tu mente cuando estás en el avión de vuelta a Madrid?
-La imagen de mi perro caminando por las calles de Barquillo. Sé que lo primero que voy a hacer al llegar a casa es coger a Coco Drilo y dar una vuelta.

Cuestionario

Dónde comer en Madrid: un sitio que me gusta mucho es The Roll, está en la Plaza de las Comendadoras. Comida americana del sur, este y oeste de Estados Unidos con toque español.

Dónde disfrutar de Madrid: en las piscinas de las Escuelas Pías en la calle Hortaleza. Es una maravilla, están en un sexto piso donde se ven todos los tejados de Madrid. Disfruto muchísimo porque es una manera de desahogarte, salir de la rutina.

Dónde desconectar de Madrid: hay un café que está muy escondido por Tribunal que se llama Café Ajenjo. Es muy tranquilo, tiene unas tartas muy ricas. También me gusta mucho El Cangrejero por Conde Duque. La primera vez me llevó Carlos García-Alix y me dijo “te voy a llevar donde mejor tiran las cañas de todo Madrid” y desde entonces no he dejado de ir.

Un barrio de Madrid: desde la zona de Chueca a Alonso Martínez a Tribunal hacia la zona de Conde Duque y pasando por Lavapiés. Me encanta porque Madrid es un lugar muy activo y seguro. Lo digo porque he pasado largas estancias en Venezuela donde tienes la sensación de estar continuamente observado y aquí la suerte que tenemos es una libertad absoluta.

Un consejo a alguien que no conoce Madrid: que respire la ciudad porque vibra. Es una ciudad muy, muy activa y muy humana, eso es lo que me gusta de Madrid, su humanidad.

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