Belén, 33, periodista

El Madrid de los que vuelven

Juraría que es la primera conversación de ‘El Madrid De’ en un parque. Quedo con Belén para que me dé a probar su té en una soleada e invernal mañana de domingo en el parque Norte, uno de los muchos parques que hay en el distrito Fuencarral-El Pardo. Belén es una de tantas profesionales que no dudó en irse fuera a conocer mundo trabajando y que intenta poner en práctica en Madrid todo lo que aprendió en otras ciudades. En su caso, en Berlín.

-Toda esta zona se construyó en un momento muy concreto, cuando Banús era un arquitecto estrella que había hecho otros barrios como el de la Concepción o incluso el Valle de los Caídos…
-Lo cierto es que Banús construyó viviendas humildes por aquí pero también participó en la construción de Mirasierra, que es todo lo contrario como barrio.

-¿Te criaste aquí?
-Sí, aquí aprendí a montar en bicicleta, que sigue siendo una de las cosas que más me gustan del mundo. Fue aquí cerca, por la calle Santiago de Compostela, en un camino de tierra que hoy es la M-30 y donde me pelé las rodillas intentando montar sin ruedines. De ahí nos fuimos a vivir a Donosti, allí empecé a ir a el colegio alemán porque estaba cerca de nuestra casa y así fue como comenzó mi relación con ese idioma.

-Y vuelves a Madrid.
-Un año después nos volvemos, cuando yo tenía siete años. A mí me marcó mucho porque en Donosti vivíamos enfrente de una huerta, todo era muy verde…y creo que por eso siempre he perseguido el verde. Por eso tenemos esta conversación en este parque. Ya habíamos dejado la casa en donde vivíamos antes y por tanto empezamos prácticamente de cero en el barrio, en una urbanización con piscina y mucho verde, al lado del parque Norte.

-¿Cómo cambiaron tus recuerdos al volver al barrio?
-El parque Norte era el lugar donde yo jugaba de pequeña y aún con todo cuando volví a Madrid fue todo un shock, porque noté que me había hecho mayor y veía el barrio con otros ojos. Aquel camino de tierra donde montaba en bici se había convertido en la M-30 por lo que el cambio fue un poco duro. Me acuerdo que hicieron la Avenida de la Ilustración y no funcionaba absolutamente nada, ni siquieran las fuentes o los riegos automáticos. Un horror.

-Me parece curioso que toda esta zona de Fuencarral-El Pardo, con parques como Dehesa de la Villa, el Pardo, el parque Norte…siga siendo una de las zonas más contaminadas de Madrid.
-Sí, es una desgracia pero creo que en gran medida es por su ubicación, que hace que la contaminación se quede aquí estática y no se evapore. Además, soy de las que creen que las cuatro torres que tenemos en el barrio contaminan una barbaridad por sus calefacciones.

-El segundo cambio del barrio después de la M-30: el fin de la Ciudad Deportiva y la llegada de las torres.
-Sí, fue horroroso. Las vistas eran diáfanas y se convirtieron en algo feísimo, representando lo peor de Madrid por quienes estaban concibiendo algo así. Lo cierto es que mi abuelo Jaime fue durante muchos años el jefe de taquillas del Bernabéu. Cuando se jubiló seguía vinculado al Real Madrid y cuando yo era pequeña mi padre se rompió el tendón de Aquiles, por lo que íbamos con él a rehabilitación a la Ciudad Deportiva a visitar los médicos y los fisios, debido a la relación de mi abuelo con el club. Me da pena pensar que yo crecí yendo a la Ciudad Deportiva a los entrenamientos. Y también en cierta medida La Vaguada también fue un cambio muy grande para el barrio, pero no lo viví porque aún no había nacido.

-La Vaguada, el primer centro comercial de Madrid.
-Sí, y concebido con un espíritu precioso. Lo ideó Cesar Manrique, el de Lanzarote, con el objetivo ya destruído a día de hoy de integrar los elementos naturales con una construcción tan consumista. Buscaba poner cascadas, árboles muy integrados con el edificio, una cierta naturaleza también en el interior…algo de lo que apenas queda nada tras su remodelación. Todo un centro comercial diseñado por César Manrique que se han cargado, es una pena.

-Hay algo que comentaba por ejemplo Miguel Ángel cuando hablábamos sobre Moratalaz y es el hecho de haber perdido muchos espacios de ocio dentro de los barrios. Hoy en día solo se concibe el ocio en el centro.
-Totalmente de acuerdo. Yo salía por aquí pero lo cierto es que nos íbamos a Malasaña al final, cuando estábamos por aquí era porque nuestros padres no nos dejaban irnos lejos. Muchas veces, sobre todo cuando empiezas a tener hijos, la única alternativa son las terrazas de la Avenida de la Ilustración, que en verano está razonablemente bien pero en invierno se convierte todo en algo desolador. El ocio aquí se ha trasladado a ir a tomar algo a La Vaguada, a ver una película, jugar a los recreativos o a comer en alguna franquicia barata.

-Quizá todo esto también suceda porque este barrio es uno de los primeros donde se conciba el uso principal del coche, iniciando una tendencia que luego han continuado en otros desarrollos como Las Tablas…
-Sí, es cierto, si vienes desde las torres por ejemplo las aceras son enanas, no te invita a entrar andando o a hacer vida en la calle. Y por ejemplo para la bicicleta, con tantas cuestas y la M30 por el medio,es literalmente imposible. Hay una cosa muy curiosa y es que casi todos los puentes que pasaban por la Carretera de Colmenar eran de piedra, que ya no existen y han sido sustituidos por puentes enormes de hormigón. Había alguno precioso como el que conectaba con la fábrica de Clesa y que parecía conservarse en bastante buen estado.

-La fábrica de Clesa, que si mal no recuerdo fue diseñada por De la Sota…
-Sí, exacto. De hecho en el programa de Ahora Madrid se concebía recuperar ese espacio como un contenedor cultural como Matadero y sigue abandonado. Pensaban reabrir el teatro de la Vaguada, que también sigue cerrado, y es una pena. Hay que reivindicar estas propuestas estrella que hubiesen hecho mucho barrio, sobre todo en estas zonas. Necesitamos recuperar el espíritu vecinal que se refleja mucho sobre todo en parques como éste: celebrar fiestas, cumpleaños y en definitiva vivir los parques. Es una cuestión de mentalidad y que es algo que por ejemplo ves mucho en Berlín, cuyo clima y sociabilidad invitan en teoría mucho menos a salir al parque que en Madrid. Creo que es porque desconfiamos mucho del otro, somos muy individualistas.

-Llegado el momento, pasas de una zona de colmenas y edificios enormes, a Berlín, con sus casas de cuatro o cinco alturas máximo. ¿Cómo fue ese choque?
-Fue maravilloso, sentía como que volvía a Donosti pero en una ciudad más grande. Me enamoré de Berlín en un viaje a principios del 2000, un absoluto flechazo con la ciudad: aquellos cafés y bares industriales, en un momento donde aquello parecía realmente original. Seguían existiendo muchas casas okupas que a día de hoy se han clausurado, un espíritu punk absoluto con una ciudad que empezaba a despertar y acogía a mucha gente de fuera. Siempre me propuse vivir en Berlín, siempre lo supe. Y, con la crisis, no lo dudé.

-¿No crees que tenemos muy idealizado Berlín?
-Sí, absolutamente. Yo me fui con trabajo pero lo cierto es que todo el mundo se lanza demasiado a la aventura, he tenido verdaderas broncas al respecto con mucha gente. Sin alemán por ejemplo es casi imposible prosperar en un trabajo allí y mandamos a mucha gente que ni siquiera llega al inglés básico del colegio, pero viven unos meses de fiesta, de techno e intentan el sueño berlinés. Pero es muy difícil, incluso para alquilar un piso necesitas que una persona te deje empadronarte en su casa para poder justificar que vives en Berlín y poder buscar piso. La gente es muy inconsciente.

-¿Qué es lo que más te ha llamado la atención de Berlín?
– Estuve casi cuatro años y en todo ese tiempo he visto una ciudad que cada vez habla más inglés y se parece más a Londres o a Barcelona y menos a Berlín. Los precios se han disparado una barbaridad: los alquileres eran tipo Badajoz o Santiago de Compostela y ahora es algo casi imposible. No hay ni casa ni trabajo para tanta gente, por lo que se ha convertido en una ciudad bastante elitista, perdiendo ese alma que tenía antes. Hay un término llamado Ostalgie, que es la añoranza del Berlín comunista; personas acostumbradas a no tener nada y que fueron arrolladas por el consumismo más absoluto.

– Esa cantinela nos empieza a sonar familiar a los que vivimos en Madrid.
– Sí, es probable que todo se esté gentrificando, que se ha globalizado ese estilo que ya ha dejado de ser original. El barrio de Kreuzberg en Berlín era un lugar donde vivían muchos turcos y donde podías ir a comprar carne o telas, pero ya se ha gentrificado muchísimo, con unos precios imposibles. Luego llegaron los barrios adyacentes y hoy en día mucha gente se está mudando a Lichtenberg, donde estaban las oficinas de la Stasi. Que es en cierta manera como Usera en Madrid.

-¿Qué crees que puede aprender Madrid de Berlín?
-Creo que nos diferencia mucho la tendencia de reutilizar muchas cosas y no ser tan consumistas, también el masivo uso de coche compartido, la organización para empoderar barrios y ciudadanos… hay mucho más movimiento de barrio, con un huerto urbano cerca estés donde estés. Es algo que Madrid podría aprender perfectamente, se trata solo de confiar en tus vecinos. Cuando tú has estado fuera y vuelves a vivir en Madrid intentas poner en práctica lo bueno de lo que has conocido fuera, mejorar la ciudad con ideas que son buenas y que ya se aplican en otros lugares como Berlín.

-¿Y que puede aprender Berlín de Madrid?
-Berlín podría ser una ciudad muchísimo más abierta, tanto como es Madrid. El berlinés tiene un poco que aprender ahí.

-¿Notas la diferencia entre el berlinés y el alemán medio?
-Sí, hay mucha diferencia, aunque en general los alemanes jóvenes aspiran vivir en algún momento de su vida en Berlín, lo cual es complicado teniendo en cuenta que es una ciudad con no demasiado empleo. Podrían ser más integradores y más simpáticos.

-Ahora que mencionas la integración tengo cierta curiosidad sobre si los últimos sucesos terroristas cambiará su manera de ser.
-No lo sé a ciencia cierta, volveré en unos días. Lo que sí es cierto es que la ciudad llevaba mucho tiempo con mucho miedo a que pasase algo; sobre todo la ciudad ha cambiado mucho con los refugiados. Berlín siempre había sido una ciudad muy acogedora y de pronto hay movimientos de extrema derecha que empiezan a crecer mucho en paralelo a esta llegada de refugiados. Mucha gente llevaba tiempo queriendo evitar pasar por zonas como Alexanderplatz, porque allí también puedes entrar con el coche y porque allí en alguna ocasión alguien se lió a tiros. Ya habían pasado cosas y la gente intentaba evitar las aglomeraciones en la ciudad.

-Me mencionabas que en tu primer viaje conociste un Berlín un poco distinto, una ciudad mucho más alternativa de lo que es hoy en día. Con todo esta evolución de las ciudades, ¿por qué Madrid siempre ha pintado tan poco en general en Europa?
-Creo que la pregunta es más bien por qué Barcelona siempre ha pintado más que Madrid. Quizá por cómo está diseñada la ciudad o por el ambiente y la playa, teniendo en cuenta que Barcelona es una ciudad menos acogedora que Madrid. Pero Madrid es como Roma, una ciudad con poco cariño hacia lo peatonal y hacia la bicicleta, que es algo muy atractivo y agradable hacia el turista. Creo que otras ciudades están mejor situadas para atraer talento extranjero que Madrid, y pienso por ejemplo en Barcelona pero también en Málaga.

-No nos queda pensar en nosotros sino como el Florida europeo.
-Pues puede ser. Otras ciudades se han vendido mejor, aunque la gente en general sea menos simpática.

-Y aún con todo parece que algo está cambiando en Madrid.
-Lo cierto es que estamos en la mitad de la legislatura actual y creo que no se han hecho demasiadas cosas.

-Pero nos queda la gente que se ha ido fuera, que vuelve y trae ideas nuevas a sus barrios.
En Berlín la gente los domingos por la mañana saca una caja con lo que le sobra en casa, como platos o tazas que ya son un poco antiguas. Yo lo hago mucho por ejemplo antes de irme de vacaciones: cuando me sobra comida lo dejo con un cartel en la puerta de casa y la gente se lo lleva. Además, varios amigos se pueden juntar de vez en cuando y hacen unos mercadillos donde venden cosas que les sobran entre gente que les conoce. He intentado hacerlo aquí en Madrid con mis amigos y ha costado conseguirlo, se nota mucho la diferencia entre el que ha vivido fuera y el que no. Espero que los hijos de los que hemos vivido fuera sean más integradores que la generación anterior.

Cuestionario

Dónde comer en Madrid: Momo, en la calle Libertad, en Chueca. Porque tiene un menú del día delicioso, barato y ellos son encantadores. El servicio es excelente y la comida es casera, está muy buena.

Dónde disfrutar de Madrid: el Monte del Pardo, yendo en bicicleta. Ves Madrid desde lejos, lo suficiente como para disfrutarlo.

Dónde desconectar de Madrid: en mi caso en el parque de mi barrio, el Parque Norte. Me vengo con un libro y para mí eso supone desconectar.

Un barrio de Madrid: me gusta mucho la zona de Los Jerónimos, porque es un anti barrio. Me parece imposible vivir allí, en esas cuatro calles, enfrente del Retiro.

Un consejo a alguien que no conoce Madrid: le diría que se pierda por el barrio de Santiago, subiendo por el Palacio Real hacia Ópera. Esa zona, junto al Madrid de los Austrias, es la zona ideal para empezar en Madrid, salvando el Mercado de San Miguel. Además, recomiendo leer a la vez 'Ladrones de tinta', una ficción sobre Cervantes y la segunda parte del Quijote, ambientadas en esas calles antiguas de Madrid.

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