María, 52, anticuaria

Madrid y el paso del tiempo

Quedo con María en Campos de Retana, una pastelería acogedora con pequeñas mesas de madera y cojines de cuadros. Nos sentamos frente a un amplio ventanal para charlar sobre la esencia de los objetos, el paso del tiempo en la ciudad y su particular técnica para aprovechar los atascos madrileños.

-¿Anticuaria del Barrio de Salamanca?
-Sí, así es. Llevo casi 30 años trabajando en este barrio y aunque no viva aquí paso la mayor parte de mi tiempo en él.

-¿Has notado cambios?
-Últimamente hay algo que me ha llamado mucho la atención y es la cantidad de restaurantes y bares que han sacado terrazas en las aceras. Es algo que si viajas un poco por Europa te das cuenta que en países en los que hace muchísimo más frío que aquí es muy corriente, en cambio en Madrid con el buen tiempo que tenemos se estaba desaprovechando. Ahora paseas por la calle Serrano, Velázquez, Jorge Juan o Juan Bravo y está todo lleno de terrazas acondicionadas para disfrutar del invierno en Madrid. Eso es en lo que más he notado el cambio.

-¿Algún recuerdo especial?
-Guardo un especial recuerdo del bulevar de la Calle Juan Bravo, que en aquel entonces era un amplio espacio al que íbamos a jugar y a correr. Antes tenía mucha vida, ahora también la tiene porque está el Metro y algún restaurante y kioscos con terrazas, pero antes había muchos más niños jugando por allí.

Jaime nos comentaba que en el Barrio de Salamanca se notaba justo eso y es que el barrio se estaba envejeciendo…
-En mi caso, al trabajar de cara al público, lo que sí que he notado es la cantidad de extranjeros que están viniendo a vivir al barrio de Salamanca, y la mayoría son jóvenes. Madrid es una ciudad tan cosmopolita que se está acogiendo mucha gente de fuera, tanto de Europa como de América del Norte y del Sur. Gente que está viniendo a trabajar y a vivir, eso es lo que he notado más que el envejecimiento del barrio.

-Y en tu trabajo, ¿es fácil ser anticuaria en Madrid?
-Yo creo que tiene muchísimas ventajas porque Madrid es una de las ciudades de España con una oferta cultural más potente y eso, para las personas que como yo se dedican al mundo del arte, nos facilita mucho el trabajo.

-¿En qué sentido te ayuda laboralmente?
-Estoy muy al día de todas las novedades artísticas y todos los movimientos culturales que están naciendo en España. Además me da la posibilidad de visitar las mejores exposiciones a nivel nacional. De hecho, tenemos una serie de museos que son iconos a nivel mundial como pueden ser el Prado o el Thyssen. También acudo a muchas exposiciones pequeñas en galerías porque me encantan. Es muy útil a la hora de inspirarnos para la reproducción de joyas que hacemos. Por ejemplo, a la última que he ido es a la exposición El Retrato en las Colecciones Reales, y ahí he cogido algunas ideas para alguna pieza que vamos a reproducir. A nivel tanto profesional como personal es muy enriquecedor para mí.

-¿Algún contra?
-Yo es que soy muy de Madrid, me gusta hasta el bullicio, el tráfico. No me agobio cuando hay atasco ni nada, al contrario me relaja, lo vivo de una manera distinta. Aprovecho ese rato para pensar en mis cosas, para desconectar, pensar en proyectos que tengo en la cabeza. No me estresa nada, le veo poco inconveniente a vivir en Madrid, soy una enamorada de esta ciudad.

-Qué bien tener esa filosofía frente a los atascos…
-Tengo la capacidad de desconectar totalmente del atasco y entonces saco mi cuaderno -que siempre llevo en el bolso con un bolígrafo- y me pongo a apuntar una idea que tengo o hago una grabación de algo de trabajo y de repente digo: “si ya se ha puesto en verde”. Hay que aprovechar ese rato para que resulte fructífero y no pensar “estoy atrapada en un atasco”.

-Leyendo tu blog encontré una entrada en la que la protagonista es una “miniaturista”. Es muy curioso porque es una profesión como de otro tiempo. Me hizo pensar que quizás Madrid es una ciudad más favorable a que empleos así sigan existiendo.
-Si algo he notado es el crecimiento de ese tipo de oficios a raíz de la crisis. Han resurgido oficios que estaban casi perdidos como el encaje de bolillos, las miniaturas, el tema de la encuadernación en piel, la restauración de abanicos, etc. Son cosas que se están recuperando porque la gente está volviendo a la esencia del trabajo manual. Y sí que creo que Madrid te da facilidades, al ser tantos siempre hay alguien al que le interesa este tipo de oficios.

-¿Por qué crees que la gente ha vuelto a esa esencia?
-Yo creo que es una cosa que está motivada un poco como en el mundo de la costura, porque la ropa está tan cara que a lo mejor no tienen el poder adquisitivo para comprarse ropa nueva y acaban tirando de las madres y de las abuelas para que les enseñen a hacer punto, unos mitones, unos bañadores para que el niño vaya a la playa… Antes comprabas la ropa, la utilizabas y la tirabas. Ahora se ha vuelto a esos oficios manuales de pinto yo mismo los muebles, arreglo la cama que está rota, me tapizo un cabecero… Antes eso era impensable y ahora le gente hace un taller de tapicería y se tapiza el cabecero y las sillas. Reciclan y restauran.

-Incluso esa fiebre por lo artesano y lo vintage se aprecia en muchos restaurantes nuevos en la ciudad.
-Es volver a la esencia de las cosas, recuperar la artesanía, el trabajo bien hecho, eso es lo que conlleva todo el tema de las cosas antiguas. Por ejemplo, detrás tuyo veo un pie de madera que ahora está hecho con maquinas, pero antiguamente se torneaba a mano y el tacto de la madera era totalmente diferente, aquel artesano con un torno de pie iba dando movimiento a esa madera e iba dibujándola para crear un pie de lámpara o una columna, trabajándola manualmente. Eso a la larga lo notas porque cuando tienes la pieza entre tus manos ves que no es perfecta, que tiene defectos, y le da cierto encanto.

-Como si nos recordara que somos humanos.
-Te recuerda que hay alguien que ha estado dos horas trabajando la madera, que la ha lijado, la ha barnizado y “¿quién será esa persona?, ¿cuántas horas ha trabajado?, ¿estará casado?, ¿tendría hijos?”. Eso es por lo que el vintage crea tanta curiosidad. De hecho ahora muchas marcas de ropa modernas cuentan la historia de quién la ha hecho. Buscan la esencia y la historia de las cosas.

-En relación con el público, ¿hay muchos madrileños interesados en las antigüedades?
-En general sí, en realidad hay gente de todo el mundo interesada en las antigüedades porque al final es lo que hablábamos y es que a la gente le gusta que le cuentes historias. Hay muchos amantes del arte y de la historia, gente que tiene la sensibilidad para apreciar el valor de una cosa bien hecha en el pasado.

-¿Predomina algún gusto en especial?
-A las novias de entre 20 y 35 años les encanta el Art Déco, toda la época de años 20. Y en general gusta bastante el Renacimiento italiano, toda la joyería que aparece en los cuadros de Leonardo Da Vinci o Tintoretto, esa época gusta muchísimo también. Siempre hablando de joyas, claro.

-Volviendo al tema de la ciudad, aunque antes decías de Madrid te gustaba hasta el tráfico, ¿mejorarías algo de la ciudad?
-Sí es verdad que soy una enamorada de la ciudad, pero sí que hay cosas que se podrían mejorar como el tema de la accesibilidad. El barrio de Salamanca sí que he notado que ha mejorado bastante porque la infraestructura es muy buena, pero cuando sales ves que hay zonas en las que es imposible que una persona invidente o en silla de ruedas pueda pasar, y eso me duele bastante. Se puede hacer mucho al respecto.

-¿Crees que hay lugares que han resistido al paso del tiempo en la ciudad?
-El Retiro es de lo que mejor ha resistido el paso del tiempo. Es un pequeño reducto en Madrid en el que si entras un día a las 7 de la mañana no sabes si estás en 1900 o en 2015.

-El otro día hablando con Antonio Miguel recalcó que el Rastro estaba decayendo por falta de publicidad. ¿Cómo ves su futuro?
-De las cosas que más ha cambiado en Madrid creo es el Rastro. Llevo 50 años yendo, prácticamente desde que tenía dos años y ahora no voy tantísimo, pero antes iba todos los domingos con mi padre. El Rastro ha perdido su esencia. Ahora es un mercadillo en el que se vende ropa, zapatos, discos y muchas otras cosas. La esencia del Rastro se mantiene en tres reductos, un poco en la plaza principal y en alguna callecita pequeña. Estoy de acuerdo con Antonio Miguel en que el Rastro es un emblema de la ciudad y habría que fomentar el que no se perdiera. Muchos turistas vienen a mi tienda a preguntarme por el Rastro porque no saben ni si merece la pena, ni dónde está. Ojo, que tu vas un domingo y a penas puedes andar de la gente que hay, pero se trata de recuperar la esencia como Portobello en Londres o El Mercado de las Pulgas en París. Esa esencia de anticuario, de encontrar esa pieza antigua única.

-¿Qué futuro ves para las antigüedades?
-Qué pregunta más graciosa. Las antigüedades siempre tendrán futuro, igual que tienen pasado, no sólo en Madrid sino en todas partes.

-Si Madrid fuera una de tus joyas, ¿cuál sería y por qué?
-Me quedo con una reproducción de una tiara que tenemos inspirada en la de Lady Di. Se trata de una tiara que está hecha con tres piezas de 3 épocas diferentes, pero las 3 juntas han creado una gran joya que estuvo de moda en el siglo XIX, XX y XXI. Sería eso, una ciudad en la que hay cabida para todo el mundo de cualquier condición, clase y cultura, que estaba de moda hace un siglo, dos y esperemos que el que viene.

Cuestionario

Dónde comer en Madrid: difícil elección porque soy una comedora nata, pero si tuviera que elegir me encantan los japoneses. Uno en concreto sería el Himawari que es así muy pequeño, tipo taberna.

Dónde disfrutar de Madrid: paseando por el casco antiguo de la ciudad.

Dónde desconectar de Madrid: en la sierra, sin duda. Cojo el coche y me voy a pasar el día a Navacerrada, a Los Molinos, El Escorial, Guadarrama... A todos los pueblos del norte de Madrid que están súper cerca y de repente estás como en otro mundo.

Un barrio de Madrid: el Barrio de la Letras me encanta por sus edificios, sus comercios y su ambiente. El barrio de Salamanca los fines de semana se queda un poquito más muerto, quitando Serrano y Goya.

Un consejo a alguien que no conoce Madrid: que coja el bus turístico que pone el ayuntamiento, te subes a la segunda planta y en una hora te ves Madrid. Sobre todo si tienes poquito tiempo.

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