Javier, 31, arquitecto

Creando un nuevo arte urbano

Quedo con los componentes de Boa Mistura en su estudio de Malasaña. Me recibe Javi, uno de los miembros del grupo y portavoz durante la conversación. Rodeados de obras terminadas y otras en proceso empezamos a charlar sobre ese arte urbano que transforma ciudades.

-Boa Mistura, ¿legal o ilegal?
-Nosotros vivimos en esa línea imaginaria entre lo legal o ilegal. No es para nosotros nada importante. Venimos del mundo del grafiti y por lo tanto de trabajar de manera ilegal y hay momentos en los que lo tenemos que continuar haciendo; en cambio otras han sido proyectos que han contado con permiso.

-¿Es el caso del Mercado de la Cebada?
-Sí, se puede decir que sí. Le pondría un asterisco a esta afirmación porque realmente el permiso que teníamos era el de los dueños del mercado. Al final tenemos el consentimiento de la gente que es el que realmente nos importa. Nosotros trabajamos con personas y para personas. A veces al margen de la instituciones, especialmente en esta ciudad.

-Para vosotros se puede decir que Madrid es una ciudad especialmente complicada en este aspecto…
-Sí porque Madrid tiene una leyes restrictivas con respecto a las expresiones del espacio público bastante radicales. En seguida censuran pintando de gris un poema de amor, una pintada política, una firma o una pieza con un mayor valor artístico. Indiscriminadamente lo tiñen todo de gris, por eso decimos que Madrid es una ciudad complicada.

-¿Alguna vez os han detenido?
-Nos han pillado, nos han multado, hemos ido a juicio, pero nos hemos librado de ser arrestados. Son los gajes de trabajar en el espacio público.

-Cuando mencionabas lo de las leyes restrictivas me he acordado del caso del ilustrador Puño, detenido por pintar con tizas en una plaza, ¿qué opinas al respecto?
-Es absurdo, es ridículo. Es como si fuéramos un paso por delante, como si el Estado no hubiera puesto la estructura necesaria para asimilar que Puño y sus estudiantes puedan pintar en el suelo y que eso no sea nada malo. Hay intervenciones que permiten mejorar verdaderamente la ciudad y es bueno que se permita hacerlas. Vamos un paso por delante de la legislación.

-Parece como si la gente no pudiera hacer uso del espacio público…
-Cualquier cosa que no haya sido gestionada por el Estado la quitan cuando por ejemplo en el caso de la publicidad no pasa nada y es una contaminación visual tremenda. A las empresas con intereses sí les permiten parasitar el espacio urbano. El espacio urbano es el mejor lugar para trabajar y no es que lo digamos nosotros es que los publicistas también se dieron cuenta y por ello la utilizan.

-Entonces, ¿no se puede decir que vuestras pinturas tengan un fin comercial?
-Una cosa es que nos ganemos la vida con nuestras pinturas, haciendo lo que nos gusta y otra es que queramos vender algo. Pagamos facturas y comemos todos los días como todo el mundo, pero nuestra intención no es vender nada.

-Pero por ejemplo en el caso del proyecto “Madrid te comería a versos” oí críticas por haber utilizado artistas en promoción para las frases que luego pondríais en los pasos de cebra…
-Para empezar ese proyecto se nos ha atribuido a nosotros y no se sabe quién lo ha hecho. Ajo la micropoetisa de la que proceden algunos versos no vende nada, Leiva tampoco. En Barcelona María Leach, Esther Solé y Montse Aroca de las que también se han utilizado sus versos, tampoco venden nada. El único es Rayden, pero es algo circunstancial. Lo que pasa es que la gente no es capaz de comprender que haya cosas que se hacen por nada. Siempre parece que tiene que haber una mano negra detrás de todas las actuaciones pero para mí eso es la mente perversa del que lo piensa. En realidad es un regalo en toda regla para la ciudad. Un regalo que el ayuntamiento de Madrid está empezando a quitar de las calles. Nos consta que uno de los 33 que hay ya ha sido quitado con alevosía. En el vídeo aparece una frase que dice “esto es un acto de amor de artistas y poetas por nuestro querido Madrid” y no hay más.

-Algo que gusta de vosotros es que intentáis transformar la ciudad de una manera optimista…
-Lo aprendimos en Sudáfrica en 2011 donde estuvimos viviendo un mes en una comunidad muy jodida por problemática de drogas y prostitución. Un galerista nos invitó a Ciudad del Cabo, teníamos pensado una cosa y nos encontramos otra. No valía la pena hacer lo que teníamos pensado. Uno de los vecinos nos dijo “uno de los chicos con los que estáis jugando quizás pueda ser el próximo Mandela. Y al ver que estáis vosotros pintando, que habéis venido desde tan lejos, quién sabe si puede ser la chispa que le haga de repente desarrollarse.” Ahí nos dimos cuenta de la responsabilidad que teníamos por trabajar en el espacio público. En ese momento nuestra vida cambió completamente. Empezamos a trabajar con mensajes tipo: “descubre el diamante que tienes dentro” o “pelea por tu sueños”. Nos hicimos muy conscientes de lo que supone trabajar en un espacio público y pensamos que si tú estás todo el día leyendo “crisis, crisis, crisis y corrupción” te vienes abajo y si te relacionas con otro tipo de mensajes puede que te vengas arriba. Son cosas que remueven por dentro pero sin ser buenrollista. No estamos buscando esa etiqueta.

-Después de haber hecho proyectos tan interesantes como ése y otros muchos en Noruega, Berlín, Hungría, etc. ¿os sentís infravalorados dentro de casa?
-Siempre se dice que en casa del herrero cuchillo de palo, pero no tenemos necesidad de sentirnos valorados por las instituciones. Eso es porque no son conscientes del potencial, pero no solo el nuestro porque hay mucha gente que está trabajando en la calle con un potencial espectacular que también tiene una proyección internacional.

-¿Un lugar de Madrid al que le tengáis ganas?
-Alguno habrá por ahí aunque no se debe de desvelar. Quién sabe qué puede pasar esta madrugada…

-Ya para terminar me gustaría que hablases de un proyecto que llevásteis a cabo en las favelas de Brasil donde se explica muy bien vuestra peculiar forma de trabajar.
-Nosotros fuimos a Sao Paulo y a los dos días conocimos a un chico con el que conectamos ciegamente, Dimas. Nosotros estábamos buscando trabajo y en una ciudad de hormigón con 25 millones de habitantes y edificios altísimos, lo más lógico hubiera sido encontrar una medianera, pero Dimas nos propuso ir a las favelas y sin pensarlo nos montamos en un coche con sus colegas. Unos tipos tatuados hasta las pestañas con puños americanos, y nos fuimos en un coche tintado hacia la favela. Y flipamos, nos encantó. Amor a primera vista. Entonces dijimos “podemos trabajar aquí”.

Antes de todo viene el empezar a vivir, comprenderlo, el relacionarte con la gente para ver lo que puedes hacer. Nuestro trabajo está sobre una pared, no te lo puedes llevar por lo que sí que vemos interesante lincarlo con el lugar. Por ejemplo cuando los chicos se saludaban decían “belleza” mientras se chocaban los puños y cuando se despedían decían “firmeza”. Esto nos pareció muy mágico. Definimos lo que era la favela para nosotros. Era belleza, firmeza, orgullo, dulzura y amor. Al final era lo que estábamos viviendo ahí. Una vez encontrado el lugar sobre el que poner estas palabras lo hicimos de manera participativa involucrando a los propios moradores de las casas, que fueran ellos mismos quienes cambiaran su espacio.

-Entonces no era un proyecto por encargo…
-No, qué va, para nada. Es muy habitual que lleguemos a los sitios y que empecemos a escarbar para ver qué tiene sentido hacer. Muchas veces que hemos ido con algo establecido desde Madrid, luego llegas y no tiene ningún sentido.

-Porque al fin y al cabo trabajáis para personas y en cada lugar del planeta la gente tiene diferentes necesidades…
-En la casbah en Argel, en la favela en Río, en el campo de refugiados de Georgia, en la colonia de las Américas en Querétaro… Nosotros tenemos que vivirlo, comer lo que comen, oler lo que huelen. Sentirnos uno más para decodificar la realidad. Por suerte con nuestro arte podemos hacerlo.

-Y tú que vives aquí y la conoces bien, ¿qué cinco palabras definirían a Madrid?
-Más que cinco palabras escogería dos: amor y odio a partes iguales. Yo que la amo, muchas veces también la odio.

Cuestionario

Dónde comer en Madrid: Casa Paco.

Dónde disfrutar de Madrid: Tomándote una tortilla en la Ardosa y un Gin Tonic en el Barrio Alto.

Dónde desconectar de Madrid: En las cúpulas del Mercado de la Cebada, allí arriba nadie te molesta.

Un barrio de Madrid: Conde Duque porque me parece muy auténtico. Todavía no ha llegado todo lo que hay más allá de la calle San Bernardo y tiene un tejido cultural muy real.

Un consejo a alguien que no conoce Madrid: Dar un paseo por la Gran Vía. Siempre que vengo de viaje lo hago.

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