Felipe, 39, investigador de mercados

Vallecano, colchonero y psicólogo

Charlamos Felipe y yo a la sombra de un árbol en una terraza de la Plaza de Olavide, en el bar Maracaná. Felipe es psicólogo especializado en estudios de mercado y en sociedad, por lo que tiene un punto de vista muy especial sobre Madrid y los que formamos parte de ella.

-¿Gato o no gato?
-Nací en Madrid, pero soy medio cordobés por un lado y mi madre sí era madrileña, pero ella era por un lado cartagenera y por el otro madrileño. 25% de gato como mucho.

-¿Siempre has vivido en Chamberí?
-No, en Chamberí llevo 6 ó 7 años. En Carabanchel me he criado hasta los veintipocos y luego he estado 7 años viviendo en Vallecas.

-Siempre en barrios que forjan carácter. Creo que eres el primer psicólogo de formación, con un matiz de psicólogo social, con el que hablo aquí. Y lo cierto es que Madrid es una ciudad apetecible para un psicólogo o un sociólogo…
-Yo creo que uno analiza las cosas desde su posición en la escala social. Cuando presento un informe digo que cada uno habla desde donde está, Rato hablaría de los deshaucios desde su posición y Ada Colau desde la suya, que es distinta, lo cual al final te marca. Pues yo pienso Madrid también así: me crié en Carabanchel, justo en un sitio entre Usera y Arganzuela. Un lugar que urbanísticamente hoy es muy distinto, como pasa con buena parte de Madrid, que es irreconocible, porque donde yo me he criado, a donde iba a la guardería y al colegio, es la Avenida de Manzanares, que a día de hoy es el paseo de Madrid Río, pero que cuando yo era crío era una zona de talleres con la M30 al lado, casi la vía de servicio de la M30. Tremendo también el cambio en la zona de Legazpi, otra zona que ha cambiado mucho con el Matadero y demás, o la zona del Pasillo Verde, que ahora es una zona de gente de relativamente alto nivel y antes era el sitio donde aparcaban los camioneros, con su picadero y sus revistas porno.

-Eso tiene un poco que ver con lo que comentaba Fernando en nuestra conversación, que es que los edificios de esa zona daban totalmente la espalda a la M30, y ahora mismo dan a un parque.
-Mi madre sigue viviendo allí y de pronto escuchas silencio, que antes era imposible, con atascos todos los días. Por haberme ido luego a Vallecas, cerca del estadio del Rayo, siempre pienso Madrid desde fuera. Para mí Madrid era una cosa extraña, porque yo era de Carabanchel o de Usera, por lo que sentirme de Madrid siempre me ha resultado raro. Y luego cuando vivíamos en Vallecas, para mí la frase era “bajar a Madrid”. Venir a vivir a Chamberí ha sido un cambio que creo todavía no tengo superado, sigo sintiéndome más confortable en Vallecas o en Carabanchel que aquí. Procuro ver Madrid desde lejos.

-Tú eres de esas personas entonces de las que creen que Madrid solo es el centro, que los barrios son una cosa distinta.
-Son otra historia, no tienen nada que ver y Madrid se vive de otra forma.

Decía Raquel que Madrid vive de espaldas a sus barrios…
-El centro de Madrid vive clarísimamente de espaldas a sus barrios y los barrios al revés también, de manera histórica además. Cuando vivía en Vallecas me importaba más lo que pasaba en Vallecas que lo que pasase en La Latina o en Puerta de Toledo. Yo descubrí Azca con 26 ó 27 años, cuando empecé a trabajar y un día me tocó ir a un cliente allí, porque normalmente no había pasado más al norte de Chueca o Malasaña.

-Cuando los pros suelen ser mayores que los contras de salir a descubrir los barrios…
-Cuando uno piensa en Madrid no piensa en descubrir los barrios. Yo he vivido siempre en Madrid, por lo que como ciudad no logro tener una cierta distancia: cuando mis primos venían de Córdoba tenían una sensación de disfrute o de descubrir cosas que yo nunca he tenido. Cuando entro por la carretera intento imaginarme a Madrid como si lo viese por vez primera y es imposible. Si te fijas geográficamente en Madrid, si lo ves desde Vallecas o desde Carabanchel, es un promontorio de acceso, y si lo ves desde la carretera de la Coruña ves la catedral, el seminario y el Palacio Real. Si lo ves desde la carretera de la Extremadura Madrid se ve en la distancia, a lo lejos, si lo ves desde Marqués de Vadillo, igual, con la puerta de Toledo arriba, una sensación de extramuros total.

-Como con la sensación de no poder formar parte de ello.
-Claro, y psicológicamente la M30 construía muchas barreras…

-Hay algo que intento preguntarle a la gente que ha vivido en Vallecas, y es si realmente existe esa sensación de pertenencia a Vallecas.
-Depende de donde vengas, pero en mi caso era una trayectoria muy normal: tenía amigos en Vallecas, salía en Vallecas, ideológicamente me sentía muy cómodo al tener el Ateneo Republicano o la sede del PC cerca, era muy fácil sentirme cómodo. Y luego Vallecas Villa, que es una maravilla. Era un barrio muy barrio, con sus descampados.

-El otro día le estaba dando vueltas a que ya estamos en Noviembre, por lo que queda un mes para ese fenómeno tan fascinamente al que nunca me he atrevido a ir que es Cortilandia. Hablaba con Alberto sobre las plazas de Madrid y me decía que se han convertido en esos centros comerciales abiertos donde ya puedes comprarte de todo, relacionado con toda la polémica de las reformas de las plazas y la gentrificación. ¿Cómo hemos llegado a esto?
-Hay una cosa que está pasando en los últimos años, con los centros comerciales, y es que al inicio, cuando hacía de estudios de mercados para ellos, los consumidores tenían como un ideal y era que imitasen a las plazas públicas…

-Ahora resulta que todos esos centros comerciales que se apellidan Plaza tienen un por qué.
-Claro, todo eso está muy estudiado. En Vallecas pasa, por ejemplo en el que estaba al lado de la Asamblea, que como en Madrid se cargaron los entornos y servicios sociales, los abuelos se sientan dentro del centro comercial porque hay bancos y se está caliente. Yo creo que los centros comerciales se han venido abajo por la crisis de consumo y eso ha enganchado con la idea de “vamos a tratar de sacar a las marcas de los centros comerciales donde antes el consumidor iba por defecto y ahora por la caída del consumo ya no lo hace”. Está eso y está el tema de la privatización de los espacios públicos…

-…en lo que Madrid ha sido puntera.
-El verano pasado estuve en Italia: vas a Florencia, a Siena y ciudades por el estilo y la ausencia de marcas en el espacio público es tremendo. En la plaza de Siena no había ni un cartelón de una marca grande, en Florencia había alguna pero apenas carteles publicitarios. Supongo que tendrá que ver con las ordenanzas de urbanismo y demás, pero luego ves a Madrid y la privatización es salvaje. Es algo que tiene que ver un poco con la memoria urbanística que te decía antes, porque si las cosas cambian es muy difícil construir memoria, porque todo va a estar cambiando permanentemente, cambiando unas marcas por otras. Los centros comerciales se han venido abajo y las marcas han salido a algún lugar de exposición donde tengan garantizada la visibilidad.

-En el caso de Italia supongo que también es por el respeto al patrimonio y porque supongo que tienen menos deuda que Madrid…
-Yo creo que aunque Madrid no tuviese deuda lo hubiesen vendido también, no creo que sea por eso, porque los ayuntamientos italianos tampoco han estado muy bien. Es una cuestión más de mentalidad y es que está bastante estudiado que España es uno de los países más entregados al capitalismo desarrollado.

-Me comentaba María en nuestra conversación que en la plaza de Chueca no te puedes sentar si no es en una terraza. ¿Ha perdido Madrid la noción de plaza pública?
-Yo hice botellón durante mucho tiempo, y era un momento de socialización colectiva, de apropiación del espacio público para estar con mis iguales. Y por ejemplo en el río está volviendo a hacerse bastante botellón. Gallardón dijo una vez “hemos conseguido que Madrid deje de ser un poblachón manchego”, y lo decía con desprecio, pero es que al final es que Madrid es un poblachón manchego, y tiene que serlo si quiere respetarse. Y más manchego que castellano, en cuanto a las tradiciones del uso del espacio público, de salir de cañas y demás. Vas a Entrevías, o Lavapiés en su momento, o alguna zona de Tetuán, y te parece un pueblo de la Mancha, con esas casas blancas de una sola planta. Es un lugar de supervivencia, no es un lugar de grandes celebraciones, lo que pasa es que Gallardón quería que Madrid jugase en una liga en la que la ciudad no podía jugar. Madrid, digo los ciudadanos en general, no la administración, no ha vivido por encima de sus posibilidades, lo que ha hecho Madrid es que ha vivido con unas expectativas por encima de sus posibilidades, porque le han transmitido unas cosas que no podían ser ciertas. Entiendo que si eres un responsable de marca, porque una ciudad en cierta medida tienes que tratarla como una marca, tengas como objetivo aspirar a lo máximo, pero no puedes olvidar que estás en un continente decadente, en un país mediano, y al final das para lo que das.

-Y luego Madrid se chocó con la realidad.
-Sí, pero insisto, el problema de Madrid se basa en las expectativas, que han terminado frustrando a la gente. La idea de competir con Londres, por ejemplo, me parece una tontería: un imperio, un Estado del doble de habitantes…. Entiendo que como gestor tengas que tener esas referencias, pero como ciudad no puedes hacerlo: eres el hub de entrada de Latinoamérica a Europa y por ello puedes apostar, pero no puedes jugar a intentar cosas como pensar que puedes superar en PIB a Alemania, por decir. Y esas cosas las terminas pagando, porque has creado expectativas que no puedes cumplir de ninguna manera. De ahí viene el malestar.

-Eso que dices es bastante interesante, porque me recuerda a eso que se dice de que el problema de muchos universitarios hoy en día son las expectativas de tener un empleo por tener un título.
-Aquí por ejemplo, en la facultad de Psicología de la Complutense, se creó una especialidad llamada “Psicología cognitiva” porque era un tema de reconocimiento de voz e interfaces avanzadas, la crème de la crème. Pero luego llegaron al mercado laboral y se toparon con la realidad, que era que no había en absoluto tejido productivo en España que soportase algo tan avanzado. Claro, en Inglaterra lo hacía British Telecom y demás, pero pensar que somos iguales es ilógico. En la Complutense existen miles de ejemplos similares, que al final es gestión de expectativas. Puedes pelear cositas, pero al final ganar, lo que se dice ganar, tienes muy difícil ganar a lo grande en la liga de las grandes capitales.

-Ese discurso me huele bastante al discurso de un colchonero como tú. ¿Cúando te diste cuenta de que eras del Atleti?
-Desde mi casa se oían los goles, comprenderás, para mí era el equipo del barrio. Tuve un momento en el que me caía bien el Rayo, pero para mí mi equipo siempre ha sido el Atleti, desde pequeño. Mi padre era del Barça pero era muy antigilista, trabajaba en la construcción y tuvo una historia larga porque había conocido a los Gil con todo aquel tema en Segovia de los Ángeles de San Rafael; recuerdo que cuando llegó Gil al Atleti en el 87 mi padre me dijo “os va a hundir el club porque es un golfo” Y, mira tú por donde, al final llevaba razón.

-Pero ya no pierde el Atleti, ese eterno discurso colchonero.
-No, ese discurso yo no lo considero colchonero. El Atleti antes de Jesús Gil estaba al nivel del Barça, por lo que era el tercer club de España. El discurso del pupas es un discurso de destinado a ocultar, de “hemos estafado al club y lo hemos llevado a Segunda, así que creamos una historia alrededor de todo ello”, que simplemente es un discurso muy de perdedores. Nunca me lo he creído. Es el resultado del expolio sistemático de unos sinvergüenzas. La marca del Atlético está tan influída por el expolio de los Gil que se hace muy difícil construir algo sobre ello, la marca del perdedor no la compro e insisto, creo que es una jugada para quitarse de en medio la responsabilidad.

Cuestionario

Dónde comer en Madrid: El Imperio, un sitio en Chamberí buenísimo, especializado en setas. Es razonable de precio y está bien.

Dónde disfrutar de Madrid: En el Calderón, porque es el estadio que más anima de toda la ciudad. Como meneo energético no tiene comparación. Pero también he disfrutado mucho en la Fiesta del PC o en las Vistillas tomando unos minis viendo a Rosendo.

Dónde desconectar de Madrid: A mí me gusta salir a comer a los restaurantes de la Casa de Campo, porque luego andas un rato, ves Madrid de lejos y coges distancia.

Un barrio de Madrid: Elegiría Vallecas porque quiero pensar que es el barrio que más se parece a mí y al que más me parezco.

Un consejo a alguien que no conoce Madrid: Que no compare a Madrid con nada. No es ni mejor ni peor que nada. Es un poco como la familia.

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