Diego, 41, galerista de arte

Madrid desde una galería (de arte)

El arte se escapa de los museos y se acerca a las personas. Quedo con Diego Alonso, uno de los directores -junto con Marta Valea- de Mondo Galería. Charlamos sobre los miedos del público a la hora de entrar en una galería y las transformaciones del arte, en tiempos difíciles, en la ciudad de Madrid.

-¿De dónde eres? porque creo que ese acento no es madrileño …
-De Madrid no. De Buenos Aires, Argentina.

-¿Por qué montaste una galería en Madrid?
-No fue por nada especial, fue la vida misma. Hace 22 años que no vivo en Argentina. Estuve viviendo dos años en Bombay. Primero estudié para ser director de cine, luego me dediqué a la fotografía y en India comencé a trabajar en el mercado del arte. Después estuve en Italia viviendo donde conecté con varios coleccionistas y galerías. Luego por casualidad vine a ver a mi hermano a Madrid y cuando llegué me encantó inmediatamente. Empecé a trabajar en una galería que se llamaba Rita Castellote y llegó un momento en que creció el proyecto y monté mi galería propia.

-¿Recibísteis apoyos a la hora de montar la galería?
-El apoyo es cero. Aquí nadie nos apoya en nada, nos apoyamos nosotros y estamos aquí luchando continuamente para poder continuar. Además es un momento bastante complicado. De hecho cuando empezamos era el momento en el que estaba comenzando la crisis y la gente nos decía “estáis locos ¿cómo vais a lanzar una galería nueva?”. A nosotros en cambio nos parecía un momento de oportunidad, no de oportunismo, pero sí de oportunidad. En la crisis un mercado muy endogámico como era el arte se mueve. Se empieza abrir porque cambian los paradigmas de la forma en la que se está desarrollando el negocio y ahí surgen oportunidades de hacer cosas nuevas. Hace 10 años dos personas jóvenes montando de cero una galería de fotografía no hubieran tenido hueco para hacer nada.

-¿En qué sentido la crisis cambia la manera de hacer arte?
-Por ejemplo, hace años todos se centraban en las redes institucionales, muchas ayudas de artistas a nivel estatal, compras de museos públicos, etc. Hoy en día todo eso ha desaparecido. Ahora el cliente real es la persona que va por la calle. Es casi como si fuera cualquier tienda. Le gusta, lo compra, lo disfruta o no. De hecho desde que empezamos nuestra galería siempre ha tenido un escaparate abierto hacia la calle. Lo que queremos es que la gente entre. Quitar esa sensación de que somos “la catedral de arte”. Como si fuéramos una logia donde fabricamos cosas complicadas e inentendibles para los de fuera.

-A veces parece eso, que sólo es apto para entendidos…
-Sí, por eso rompimos con el espacio sacro donde todo está aislado de la realidad. Queríamos salir un poco de eso. Invitamos a diseñadores para que expusieran sus obras. Comenzamos también con una biblioteca de Stone Designs para consulta de libros, para hacer que el espacio se acerque más a un espacio habitable. No el típico lugar vacío donde están colgadas esas obras que supuestamente no puedes entender, ya que tampoco hay algo tan complicado como para no comprender. El arte es para todo el mundo.

-¿Y funciona?
-Sí, bastante bien. Hace cosa de un mes hicimos una exposición de prueba en la que invitamos a los más importantes diseñadores emergentes de Madrid y convertimos la galería en una casa. La exposición se llamaba “Home / Casa / Home”. Creamos varios ambientes alrededor de la galería, decorados con fotografías, mobiliario y objetos. Fue sorprendente como al final vendimos más fotografías que en una exposición normal porque eso quitaba el peso conceptual que podía tener una exposición más de autor.

-Ese tipo de arte es el que hacen también en Madrid ferias como Room Art Fair
-Sí, nosotros participamos también ahí. Es un espacio más pequeño, cercano. Al final es lo que hablamos, salir de que parezca algo religioso entrar a una galería. A veces lo parece con ese silencio… buscar entonces que sea más un espacio de encuentro. Hace 10 años y 5 años los clientes eran más las instituciones, eso ya ha cambiado, hoy queremos personas.

-¿Qué instituciones?
-Los museos y ayuntamientos compraban las obras porque eran los únicos que tenían el dinero para comprar las obras del tamaño que se estaban moviendo. Ahora se venden obras de precios menores. Vender una obra de 300.000 euros ahora mismo es casi un sueño. En cambio ahora hay un cambio generacional. Mucha gente joven de 30 a 40 años tiene un poder adquisitivo como para poder coleccionar arte o diseño y eso antes no estaba. También la gente busca nuevos medios como al fotografía.

El otro día en las conversaciones con Puño y Boa Mistura ambos coincidan en las leyes restrictivas con respecto a la expresión artística en la calle, ¿crees que esto afecta en que haya un aumento de artistas callejeros que comienzan a trabajar con galerías?
-El arte urbano está de moda. Influenciado desde Estados Unidos e Inglaterra. Antes se veía como un acto de rebeldía y ahora está dentro del mainstream. Las galerías más jóvenes en su mayoría son de arte urbano, graffiti y demás. Se trata de una generación de artistas que van creciendo y claro, tampoco uno puede estar pintando en la calle todo el tiempo. Tienes que hacer obras que sean vendibles de alguna forma.

-En general, ¿ves complicado mantener una galería de arte en Madrid?
-Sí, bastante. Tienes todo en contra y lo único que quedan son las ganas de seguir adelante. Igualmente es interesante porque con Madrid puedes conectar con otras capitales europeas como París o Berlín. De hecho tenemos muchos clientes de allí. Es difícil pero no imposible.

-Entonces, ¿se puede decir que Madrid está a la altura de otras capitales europeas?
-Sí, lo que pasa que las otras capitales tienen otros beneficios como son la desgravación de impuestos por la compra de arte. El IVA dentro del arte disminuye la competitividad. Por ejemplo en Estados Unidos o Inglaterra una empresa compra una obra de arte y ese es un gasto que se puede desgravar de sus gastos empresariales. Eso incentiva mucho el consumo de arte. Si cada empresa a fin de año en vez de pagar todo el IVA en impuestos se dedicara a comprar arte eso generaría un mercado mucho más grande, que a su vez genera un mercado que también trae más gente y trae más turismo. No es muy entendible por qué no se hace.

-Parecido a las empresas que tienen fundaciones de arte…
-Sí, parecido pero no igual. Sería más una ley de mecenazgo. Que la compra de arte sea considerada como una inversión. Eso genera más movimiento de arte y más turismo. La mayoría de la gente que viene a Madrid viene a ver museos. No vienen ni a esquiar ni a la playa. El turismo cultural mueve mucho en esta ciudad. Si se mejoran las condiciones para el mercado del arte eso va generar más cultura y esto va a generar más turismo.
En el caso de Bilbao es un ejemplo muy claro. Bilbao antes y después del Guggenheim. Se ve como cambia totalmente el movimiento de la ciudad.

-A veces parece que no haya vida más allá del Prado y del Thyssen…
-Para que te hagas una idea en los mapas que reparten los hoteles no aparece ni la calle de nuestra galería, no existe en el mapa. Hay gente de fuera que se tira 4 horas dando vueltas porque en el mapa no lo encuentran.

-Estaría genial que crearan circuitos para que el visitante se integre con la ciudad.
-Sí, eso generaría ganancias de todo tipo, no sólo para el arte. Si por ejemplo: una persona va a 5 galerías. Entre galería y galería ve una tienda que le llama la atención y compra. Luego al final del recorrido se toma algo en un bar. Ya se va creando movimiento comercial.

-Ya para terminar, no sé si te sonará el suceso de la Fresh Gallery donde un grupo de extrema derecha puso un cóctel molotov en la puerta de la galería en protesta aun cuadro imitación a La Piedad donde aparecían Alaska y Mario. ¿Crees que aún el público tiene la mente cerrada con respecto al arte?
-No creo que sea así. Nosotros tuvimos en verano una exposición de desnudos masculinos en los que directamente frente al escaparate había un hombre con un pene erecto enorme y nadie vino a comentar nada. De hecho venían señoras y familias con niños. Trabajamos en ese momento con un comisario inglés que nos decía que cómo habíamos mandado la nota de prensa y nadie nos había censurado un cuerpo desnudo. Puede ser que estemos en un barrio bastante abierto y además coincidía con el orgullo gay, pero en cualquier caso, nadie vino a quejarse. En ese sentido yo no veo censura. La censura se da más en el lado económico.

Cuestionario

Dónde comer en Madrid: “El Pepinillo de Barquillo” de comida española, aquí en la calle Barquillo.

Dónde disfrutar de Madrid: salir a la sierra, a La Pedriza, en un día entre semana, cuando no hay mucha gente.

Dónde desconectar de Madrid: caminando por la ciudad porque está llena de vida. La gente, los bares... Puedes pasear y pasar de incógnito o pararte cada 5 minutos a hablar con alguien. Caminar sin rumbo.

Un barrio de Madrid: las Salesas, Malasaña o Chueca (por eso trabajo aquí). Está en medio de todo lo que se está moviendo es un poco bohemio pero sin ser underground.

Un consejo a alguien que no conoce Madrid: que abran puertas, que busquen por las calles. En Madrid al principio todo parece áspero pero luego te detienes, descubres que hay mucha profundidad y que puedes encontrar más capas. No es como Barcelona, por ejemplo, en la que todo es muy visual pero luego es todo muy parecido una cosa a la otra.

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